El Llamamiento – Primera Parte

jesus llamando

Acordaros de hacer click sobre la cita bíblica para leerla..

El llamamiento lo hace Dios, cuando decidimos recibir a Cristo y no al mundo; es ahí cuando empieza nuestro llamamiento ya que es Dios mismo quien nos escoge para salvación conforme a lo que está escrito en su palabra.

(Efesios 1:4)

Pero éste llamado a ser salvos no queda solo en eso, le sigue la preparación para ser su siervo(a); le pedimos a Dios avivamiento y unción y Dios la quiere dar; el quiere derramar una unción fresca, un aceite nuevo; Él quiere que nos embriaguemos con su presencia, quiere derramar y llenar de poder a su pueblo con su Santo Espíritu, pera para poder hacerlo Él debe y nosotros necesitamos ser restaurados, el debe reformar a su pueblo a todos aquellos que toman la decisión de seguirle y servirle.

Jesús dijo: Mateo 9:16-17

16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.

17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

Notemos dos cosas importantes que Jesús dice:

  1. Remiendo Nuevo
  2. Vino Nuevo

 Primera Parte – LA RESTAURACIÓN

Cuando nuestro Señor Jesús nos dice que nadie pone remiendo nuevo en vestido viejo, está diciendo que Dios tampoco lo hace.

Pero miremos que tipifica el vestido:

La palabra de Dios nos enseña que nuestras vestiduras deben estar blancas delante de su presencia en:

Apocalipsis 22:14

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

La palabra de Dios enseña que no es solamente limpiar una parte de nuestra vida; que no es solo renunciar a algunas cosas para seguir a Jesús y seguir en otras.

Cuando nuestro Señor Jesús dice que no se pone remiendo nuevo en vestido viejo, está llamando a la verdadera y total conversión; una conversión para servir al Señor sin condiciones, sin pecado oculto; Dios no quiere limpiar un poco el quiere limpiarnos por completo.

Así que si le decimos a Dios yo te pido que me laves de mi pecado de adulterio pero no dejo el vicio Dios no hará ni uno ni lo otro.

¿Cuándo empieza esta restauración?

Esta restauración puede empezar desde el mismo momento que recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente salvador, cuando nos arrepentimos de corazón y confesamos nuestros pecados y nos apartamos de ellos; entonces empieza el cambio o sea la restauración en nuestras vidas.

Proverbios 28:13

El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Porque no es suficiente con decirle a Jesús te amo, no es suficiente con levantar las manos en la congregación no es suficiente ni siquiera ayunando, porque lo que realmente importa al Señor es que ese amor que decimos tenerle lo demostremos sirviéndole en obediencia y amor.

Pero no pensemos que luego de hacer estas cosas llegará de inmediato la unción y el avivamiento; porque no es así, porque Dios necesita probar nuestro amor, nuestra fidelidad, nuestra confianza en Él, para así poder demostrarnos a nosotros en que lugar de la restauración nos encontramos.

Deuteronomio 8:2

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

El pasaje anterior de Apocalipsis (22:14) Dios nos dice que: “Bienaventurados los que lavan sus ropas” tal cosa quiere decir que somos nosotros los que tenemos que acercarnos a Él para ser limpiados y brillar con su presencia.

Ese vestido del cual habla Dios es nuestra vida, no podemos recibir una nueva vida pero si podemos lavarla, para que se vuelva nueva; pero ésta no se lava en cualquier lugar solo la sangre de cristo puede limpiarla.

Apocalipsis 7:14

Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

Somos nosotros los que tomamos la decisión de lavarnos, limpiarnos, con la sangre de Jesús.

Dios no quiere que dejemos algunos pecados, Él no quiere que renunciemos a algunas cosas, el quiere que nos lavemos de pies a cabeza que nos sumerjamos en su presencia, en la sangre de cristo para así ser limpiados de pies a cabeza.

Esta es la primera parte mañana os dejaré la segunda, que el Señor les continúe bendiciendo; su Pastor y Amigo.

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