Crucificado

crucificadoTodas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera de 1960 a menos que se indique lo contrario. Haga clic sobre ellas para leerlas.

Gálatas 5:24 “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

Si queremos aceptar a Cristo como Salvador, debemos apartarnos de nuestro pecado y clavar voluntariamente nuestros malos deseos naturales a la cruz. Esto no significa, sin embargo, que nunca más volveremos a ver rasgos de estos deseos nuevamente. Como cristianos todavía tenemos la capacidad para pecar pero hemos sido liberados del poder del pecado y no debemos dejarnos dominar por él. Cada día debemos entregarle nuestras tendencias pecaminosas a Dios y a su control, clavándolas en la cruz de Cristo, y momento a momento aspirar el poder del Espíritu para sobreponernos a ellas (Gálatas 2:20).

Las obras de la carne son muchas y manifiestas. Esos pecados excluirán del cielo a los hombres. Pero, ¡cuánta gente que se dice cristiana vive así y dicen que esperan el cielo! -Se enumeran los frutos del Espíritu, o de la naturaleza renovada, que tenemos que hacer. Y así como el apóstol había nombrado principalmente las obras de la carne, no sólo dañinas para los mismos hombres, sino que tienden a hacerlos mutuamente nocivos, así aquí el apóstol nota principalmente los frutos del Espíritu, que tienden a hacer mutuamente agradables a los cristianos, como asimismo a hacerlos felices. Los frutos del Espíritu muestran evidentemente que ellos son guiados por el Espíritu.

El primer fruto del Espíritu y del cual salen los otros es el fruto del amor (Gálatas 5:22). El amor es la fuente de toda buena obra, el amor al prójimo, el amor hacia uno mismo como persona, como hijo de Dios. El amarse a uno mismo no por encima de los demás; le lleva a querer dejar todo aquello que le es nocivo (drogas, alcohol, tabaco, sedentarismo y un extenso etc.). Así mismo quien ama a su alma se apartará de todo aquello que puede causar su muerte y condenación.

El pecado no reina ahora en sus cuerpos mortales, de modo que le obedezcan (Romanos 6:12), pues ellos procuran destruirlo. Cristo nunca reconocerá a los que se rinden a ser siervos del pecado. Y no basta con que cesemos de hacer el mal sino que debemos aprender a hacer el bien. Nuestra conversación siempre deberá corresponder al principio que nos guía y nos gobierna, (Romanos 8:5).

El crucificar la carne es una tarea diaria y ardua; no hay que rendirse ante las asechanzas, ni las tentaciones hay que resistir y el enemigo huirá (Santiago 4:7).

Que el Señor les continúe bendiciendo, su Pastor y Amigo Jorge Luis. Rellene el siguiente formulario con sus peticiones de oración.

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